Vamos al CENAC




La exhibición se titula El diseño en las motocicletas y repasa la forma en la que estos vehículos se fabricaron entre los años 1910 y 1975, antes de que las marcas asiáticas acaparasen el mercado. A tono con los acordes de los Beatles, la curaduría de la exhibición estuvo a cargo de Esteban Herrera y Danilo Coto, dos apasionados motoristas que forman parte del Club de Motos Antiguas de Costa Rica.

Marco Guevara, uno de los curadores del MADC, explica que las motocicletas fueron bien recibidas en el museo gracias a que la curaduría enfatizó la parte estética y el trasfondo histórico y cultural.

“Sin embargo, la muestra no deja de lado los elementos mecánicos pues estos influyen en el diseño”, añade Guevara.

Uno de los puntos más notables de la exposición es el estado de las motocicletas. Los dueños restauraron la gran mayoría pues, según Esteban y Danilo, aún es posible importar las piezas que componen una motocicleta clásica, desde la aguja del velocímetro hasta los hules de los agarraderos.

Salida en cierto. El más antiguo diseño de una “moto” aparece en un dibujo de Leonardo da Vinci. El inventor italiano ideó un boceto de bicicleta constituido por un marco, dos ruedas iguales y un sistema de transmisión accionable por un mecanismo de pedales. Sin embargo, este invento no se fabricó.

Como tal, la bicicleta no aparecería hasta en 1817 –inventada por el alemán Karl Drais– y se convertiría en el antecesor de la motocicleta, que se elaboró en 1885.

En esta exposición, la motocicleta más antigua es un modelo de 1909, de la marca estadounidense Indian. Su diseño se aleja en demasía del de las motos actuales: entre otros desencuentros, posee suspensiones muy rígidas y una bocina que hoy podríamos apreciar en algún carrito de helados.

“Además, el sistema de las luces es muy singular porque funciona por aparte, mediante una mezcla: el carburo”, explica Danilo Cubero al tiempo que señala esa clase de farol enhiesto que iluminaba las empedradas calles de antaño.

Conforme se avanza en la muestra es posible apreciar cómo el diseño mejora en función de la comodidad del motorista, y cómo el gusto estético se insinúa poco a poco. Así lo revelan las líneas más definidas y la aparición recurrente de cromos y de pinturas más diversas.

En el sector dedicado al decenio de 1920, figura la primera motocicleta Harley-Davidson de la exhibición. Es un modelo de 1925, cuya carrocería despintada deja entrever su estado original. En ella también se aprecia la emblemática manivela de esta marca estadounidense.

“Al inicio, las manivelas eran enormes por los malos caminos que el piloto debía transitar. Sin embargo, la marca Harley-Davidson ha mantenido este estilo porque ella maneja una tendencia retro en sus diseños; es parte de su identidad”, indica Coto.

Como se sabe, las guerras mundiales resultaron súbitos y costosos empujes para la tecnología, y las motocicletas no se escaparon de ello. En la exposición sobresale un modelo de la marca Zundapp, del año 1939, utilizado por el gobierno de Alemania en la Segunda Guerra Mundial.

“Esta es una moto muy admirada; en ella puede verse la diferencia de tamaño con respecto a las gringas. Las motos gringas, como la Harley o la Indian, son sumamente grandes, y esto tiene un peso cultural pues se ve la pretensión de los Estados Unidos de mostrarse como una potencia mundial; también se revela su tradición consumista”, recalca Esteban Cubero.

En la misma línea, Danilo Coto resalta que las motocicletas se diseñan para el país en el que fueron concebidas. “La Harley resulta un vehículo para autopistas y largas distancias; la moto europea circulaba en ciudades más densas, en calles más angostas, y recorría distancias más cortas, de ahí que fuese más pequeña”, detalla Cubero.

Veloces 50. La cantidad de motocicletas exhibidas aumenta cuando se llega al espacio dedicado a los años 50. Acabada la Segunda Guerra Mundial, en Costa Rica se disparó la importación de marcas alemanas, como BMW, NSU y DKW; y de inglesas, como Ariel.

En la historia y en la exposición, un espacio aparte merecen las Piaggio Vespa, motos italianas que a partir de los 60 fueron muy demandadas en nuestro país. “Costa Rica fue de los primeros países en tener un importador autorizado. Entonces, aquí había ingenieros, mecánicos, y un servicio de repuestos increíble, quizá de los mejores de América”, recuerda Coto.

La Vespa (‘avispa’) surgió de la pobreza de la segunda posguerra. Es una moto humilde y barata, que consume poco combustible.

No solo en Costa Rica causaron simpatía; en los Estados Unidos, celebridades como Marlon Brando cruzaban las autopistas montados sobre una inofensiva “avispa”. Un afiche de la exposición informa de que, en 1952, cerca de 100.000 unidades se vendieron por influencia de la película Vacaciones en Roma, en la cual Audrey Hepburn y Gregory Peck recorren los nostálgicos escenarios italianos sobre vespas.

La Segunda Guerra Mundial también marcó el surgimiento de los sidecar, pequeños vehículos que se unían a las motocicletas para transportar a otra persona e incluso armamento. En el MADC hay dos de estos vehículos, que aún son fabricados, aunque en mucho menor cantidad.

Esta exposición estará abierta al público hasta el sábado 4 de junio, aunque, según Marco Guevara, es posible que se extiende durante más tiempo. Es que estas dandis del asfalto tienen algo especial.

0 comments:

Post a Comment

top